jueves, 24 de abril de 2014

He creado un monstruo

¡Muy buenas Ninuneros y Ninuneras! No os ha pasado nunca eso de quedaros un momento parados y preguntaros a vosotros mismos ¿Qué narices he hecho? Pues bien, ayer me pasó algo así y, como hace mucho que no subía una entrada, os explicaré por qué.

22 de abril de 2014: Descubrimiento de un mundo
Todo empezó el pasado martes, cuando mi hermano empezó a reflexionar sobre por qué para merendar siempre tenía que comer un plátano en lugar de un paquete de galletas Oreo. Mientras yo preparaba los regalos de Sant Jordi de mi pareja, el crío empezó a taladrarme sobre los beneficios de la fruta y sobre que la vida para un niño de 8 años no tiene sentido. Cuando ya llevaba 3 largos minutos callada y escuchando todas esas frikadas suyas, me levanté del escritorio y le di mi viejo portátil para que se pusiera a jugar a los Angry Birds o a alguna tontería de esas que le gustan a él.

La criatura infernal se marchó a su cuarto y se quedó en silencio por unos breves 5 minutos. Después de éstos, me empezó a llamar des de su cuarto y a decirme que el ordenador era muy lento y que no había leído nada para descargar el juego, así que recordé que en Facebook estaba toda esa basura que tanto le gustaba a él. Fue ahí cuando se me ocurrió la maravillosa superhipermegahepsy brillante idea de crearle un perfil al ser más cansino del Universo...

Tras hacérselo, le enseñé lo básico de esa red social: subir fotos, acceder a aplicaciones, cotillear al vecino (yo, por que no tenía otros amigos) y, cuando volví a mi cuarto, empezó a hablarme por el chat. Muchas tonterías, tropecientas mil faltas de ortografía y, aún estando en el cuarto de al lado del mío, no dejaba de preguntarme cosas como qué estaba haciendo, qué íbamos a cenar, a qué hora iba a terminar, etc. Debo admitir que fue muy divertido, sobretodo cuando yo le comentaba fotos y él se picaba y me decía que yo escribía mal cuando él estaba usando la letra X hasta para decir HOLA. En fin, no preguntéis.

23 de abril de 2014: Digievolución
Al traer a mi hermano del fútbol y, puesto que se había puesto muy pesado con el tema hámster (exacto, no se conforma con tener 4 agapornis y una tortuga), le mandé a que se pusiera un poco en Facebook para quitármelo de encima. Estuvo calladito un rato, más o menos el que tardó en empezar a escribirme tonterías por el chat y a hacer que me empezaran a saltar notificaciones de más tonterías a las que él estaba jugando. No contento con llenarme el inicio de “Chucky ha comentado tu publicación en su muro”, “Chucky ha pasado un nivel en Candy Crush Saga” y “Chucky ha desbloqueado una cosa rara que brilla”, decidió agregar a mi pareja para seguir con su labor de ñiñatopesado. Cuando éste le aceptó, empezó a taladrarle haciéndole la pelota para ver si le compraba una bolsa de patatas fritas pero, en ver que no le hacía mucho caso, decidió hacer uso de la psicología poniendo un estado en su propio muro que ponía “Quiero ver la peli cuando la estrenen de Dragon Ball Z”. Así, en plan hipster. 

Al poco rato de publicarlo, volví a su cuarto a decirle que ya había tenido bastante Facebook por aquel día y que se pusiera a estudiar. En cuanto me hizo caso, se me iluminaron los ojos, pensando que, lo peor, ya había pasado pero, lo bueno llegó por la noche cuando, en lugar de venir a darme un beso de buenas noches, abrió el ordenador, accedió a la maldita red social y me lo mandó por mensaje interno.


Facebook ¡Te odio

Nikky Neèz. 

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